2016 / 10 julio

El siglo de las luces

Contaminación lumínica

Cities and light pollution are well acquainted, but the growing trend of replacing old streetlight bulbs with more energy-efficient LED ones is making cities glow even brighter after sunset.

Fuente These Photos Show How LEDs Are Changing Urban Light Pollution – Next City

Hace unos días me di cuenta de que en la localidad en la que vivo están cambiando las antiguas farolas por unas modernas lámparas LED como la que ves en la imagen. En los últimos años, son muchas las ciudades y pueblos que se han subido al carro de la eficiencia energética a través de estos sistemas que implican un notable ahorro en el consumo energético, asociándose su uso también con una reducción de las tasas de criminalidad. No obstante, este último argumento queda en entredicho gracias a un artículo publicado en la web International Dark Sky Association que recoge las conclusiones de varios estudios de los últimos años que aseguran que “no hay evidencia científica de que el incremento de la luz exterior disuada los crímenes. Puede hacernos sentir más seguros, pero no se ha demostrado que nos proporcione seguridad.”

Pero esta creciente preocupación por la eficiencia energética también tiene una cara B. Estamos contribuyendo a reducir el consumo de energía, sí, pero al mismo tiempo estamos generando un nuevo problema de consecuencias aún impredecibles, y es que estas lámparas LED aumentan la contaminación lumínica. Es uno de los aspectos que ha puesto de manifiesto el atlas de la luminosidad nocturna artificial cuyas conclusiones han sido publicadas recientemente en la web de la American Association for the Advancement of Science (AAAS). Así, por ejemplo, resulta clarificador este artículo de la web Tech Insider, que muestra a través de gifs animados montados a partir de las imágenes espaciales obtenidas por los astronautas de la Estación Espacial Internacional cómo se ha transformado la intensidad de la luz de algunas grandes ciudades durante los últimos años. En este sentido, resulta especialmente llamativo el caso de Los Ángeles, como puedes apreciar a continuación.

La contaminación lumínica, según la web de la Agrupación Astronómica Cántabra, es el “el brillo del cielo nocturno producido por la mala calidad del alumbrado de nuestras ciudades” a consecuencia de un diseño de las luminarias deficiente que proyecta parte de la luz hacia el cielo, con un brillo excesivo y, en muchos casos, un uso completamente innecesario. Además de suponer un gasto inútil, lleva a aparejadas otra serie de consecuencias como la imposibilidad de disfrutar de un cielo puro, siendo este un derecho recogido por la Declaración de los Derechos de las Generaciones Futuras de la UNESCO, ocasionando igualmente alteraciones en los ritmos circadianos en humanos y en la producción de melatonina.

No obstante, este tipo de polución afecta principalmente a la biodiversidad, ya que las especies que encuentran amparo en la noche para desarrollar su actividad se ven desprotegidas, quedando a merced de los depredadores, y los animales de hábitos diurnos no pueden descansar correctamente al no existir un nivel de oscuridad suficiente. En el caso de las especies marinas, el desconocimiento de los efectos que ocasionan las luces de las zonas costeras es aún mayor, de ahí que se estén desarrollando numerosos estudios orientados a obtener la información necesaria.

Sin embargo, uno de los efectos más sorprendentes (y también preocupantes) es el hallazgo de un grupo de investigadores de la Universidad de Exeter en asociación con Spalding Associates y el Cornwall College de Newquay. Según este equipo, la contaminación lumínica adelanta la brotadura de las plantas 7,5 días en las áreas expuestas a una mayor cantidad de luz artificial, confirmándose de esta forma, que “el efecto de la isla de calor urbana no es la única causa de una brotadura urbana temprana”. Esta conclusión se ha obtenido después estudiar una serie de 13 años de datos de brotadura de varias especies arbóreas reunidas a través de proyectos de ciencia ciudadana con imágenes de satélite de NOAA.

Este último estudio demuestra, una vez más, el escaso conocimiento que tenemos de las consecuencias que genera la actividad humana. Lo que intentamos arreglar por un lado, lo rompemos por otro. ¿Crees que seremos capaces de restablecer algún día el equilibrio con la naturaleza? Yo cada vez tengo más dudas.

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